Aprender a comer también empieza en la cocina

Siempre he escuchado —especialmente de abuelitas— que los niños en la cocina no. Pero mi experiencia fue completamente distinta. Recuerdo como si fuera ayer mis vacaciones de la escuela, entrando a la cocina de mis abuelitas, ayudando, observando y aprendiendo.

Hay un recuerdo que tengo muy presente: un verano en el que mi abuelita materna nos dio “clases de cocina” durante todas las vacaciones. Nos enseñó a preparar su famoso pan de canela, donas y muchas otras recetas.

En mi casa, la cocina nunca fue un espacio prohibido… y ya como nutricionista pediátrica entendí aún más el valor de eso.

Permitir que los niños participen en la cocina no solo es una actividad linda, también tiene un impacto muy positivo en su relación con la comida.

¿Por qué incluir a los niños en la cocina?

Involucrarlos desde edades tempranas puede favorecer:

  • Mayor independencia

  • Exposición a los alimentos, lo que aumenta la confianza para probarlos

  • Exploración sensorial (oler, tocar, ver distintas texturas)

  • Más interés por la comida y las comidas en familia

  • Aprendizaje y curiosidad

  • Una relación más positiva con la comida

¿Cómo incluirlos según la edad?

Es importante adaptar las tareas según su etapa:

Desde el año:

  • Mezclar ingredientes

  • Pasar alimentos de un bowl a otro

  • Tocar, explorar y jugar con los alimentos

  • Acompañar mientras cocinamos

Conforme crecen:

  • Lavar frutas y vegetales

  • Ayudar a medir ingredientes

  • Usar utensilios seguros

  • Cortar alimentos blandos con cuchillos adecuados

  • Participar en preparaciones más completas

Recomendaciones prácticas

Dos cosas que, desde mi experiencia (y con mis sobrinos), funcionan muchísimo:

  • La torre de aprendizaje: facilita que los niños participen a la altura adecuada y se sientan parte del proceso.

  • Utensilios adaptados para niños: como cuchillos seguros que cortan alimentos pero no representan un riesgo, lo que les da más independencia y confianza.

Incluir a los niños en la cocina no se trata de hacerlo perfecto ni de que “ayuden” como un adulto, sino de permitirles explorar, participar y aprender a su ritmo. Porque al final, cocinar también es una forma de acercarlos a los alimentos y de construir una relación más tranquila y positiva con la comida desde pequeños.

Acá al final les comparto un video de Emma, al año y medio, cocinando con su mamá un queque.

Siguiente
Siguiente

Más que una silla: un apoyo para aprender a comer